En mala hora parten los mejores. Te lo reclamo Vicente porque no era todavía tiempo. Mentiste cuando asegurabas que el cigarro no te haría daño. Me acabo de enterar de tu partida y estoy enojado por no haberme despedido (confiesa el cobarde que no tuvo el coraje de verte sufrir).

Te lo dije una vez pero quería decirlo de nuevo: a ti te debo el oficio. Fue temprano, no sé si a los 15 o los 17. Creo que me pescaste con tu “Evangelio de Lucas Gavilán” y es que por aquel entonces todavía era yo algo religioso. Pero fue con “Asesinato: el doble crimen de los Flores Muñoz”, que realmente mordí el anzuelo.

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