En México nos revienta la corrupción. Es el tema que más nos enoja cuando hablamos del gobierno y los políticos. Solemos llenar la boca de palabrotas cuando nos enteramos de que alguien se embolsó dinero que era de todos y luego no pasó nada.

Lo que resulta menos evidente es si estamos dispuestos a utilizar nuestro voto en las urnas para castigar a gobernantes y partidos torcidos. A veces parece que la queja y la acción hubiera un abismo más grande que las Barrancas del Cobre.

Este domingo puede servir como experimento para medir el grado de nuestra tolerancia hacia lo chueco.

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