#SíAcepto

Me he casado ya dos veces, así que algunas cosas sé sobre el matrimonio. Puedo asegurar que en esas dos ocasiones, cuando acudí al Registro Civil, el juez no me preguntó cuáles eran mis valores morales, mis creencias religiosas, mi concepción de la familia, mucho menos se atrevió a interrogar sobre mis preferencias amatorias en la intimidad y la sexualidad.

No preguntó tampoco a mi futura cónyuge si compartía concepciones éticas con la mayoría católica de los mexicanos, si estaba dispuesta a jugar tal o cual rol “natural” en la pareja y tampoco la hizo aprobar un examen sobre su solvencia para ser madre o esposa.

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