Nada moviliza políticamente más en México que la indignación frente a los gobernantes corruptos. Este mal siempre había estado ahí, pero es reciente que alcanzó niveles insoportables.

Es difícil averiguar si la corrupción se ha vuelto peor o si la percepción sobre ella es ahora más aguda. En cualquier caso la intolerancia social frente a los actos descarados para saquear los bienes públicos es el hecho sustantivo.

Las elecciones que vienen estarán marcadas por el tema y no habrá manera de evitarlo en la ruta hacia el 2018.

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