7. Houston y la reforma migratoria

Houston es la tercera ciudad más grande de los Estados Unidos; sólo Nueva York y Los Ángeles le llevan ventaja por el tamaño de su población. La mitad de los habitantes de esta ciudad texana son de origen hispano o latino, casi todos mexicanos. Desde principios del siglo XX, primero por su actividad portuaria, pero sobre todo por el petróleo, Houston se convirtió en una potente turbina para el desarrollo de los Estados Unidos; una turbina intensiva en su necesidad por la mano de obra.

A pesar de la recesión económica que hoy todavía golpea al país de nuestros vecinos, Houston no deja de crecer y de crear empleos. Como ejemplo están los doscientos cincuenta mil puestos de trabajo que generó sólo el año pasado. No hay ciudad en el mundo que ponga tantos empleos a disposición de los mexicanos.

Los texanos y, en particular los empresarios de esta ciudad, están conscientes de que para seguir siendo motor de la economía estadounidense necesitan satisfacer la demanda de empleos. Por eso aquí tienen una valoración muy peculiar sobre la reforma migratoria que en estas semanas se está discutiendo en Washington. Saben que si el gobierno nacional impone restricciones a la contratación de mexicanos venidos del otro lado de la frontera, al final las consecuencias serán negativas para la economía de este puerto del Atlántico.

Están conscientes: la única ley que habría de regir la migración mexicana es la de la oferta y la demanda de trabajo. Esta mirada domina inclusive entre los legisladores del Partido Republicano que en Texas son la mayoría. Son ellos –y no los demócratas– quienes traen serios pelitos con sus correligionarios de las Carolinas, Dakota, Kentucky, y los demás estados tanto sureños como del Midwest, donde al Tea Party  le tiene sin cuidado lo que ocurra en otras geografías. Para estos conservadores lo grave es el miedo y la paranoia que sus votantes anglos tienen de verse, un día, desplazadas por la identidad hispana.

Con todo, poco podrán hacer para impedir una realidad que no tiene reversa. Hacia el año 2030, uno de cada cuatro estadounidenses será de origen latino y, en las ciudades poblacional y económicamente más pujantes de los Estados Unidos, la cifra será – como ya ocurre en Houston o Los Ángeles– de uno sobre cada dos. No importa cuántos muros y cuántos policías ponga el gobierno federal para blindar la frontera; el pragmatismo económico de los estadounidenses terminará imponiéndose sobre las pulsiones discriminatorias, ideológicas o políticas. Si Estados Unidos retoma un buen ritmo de crecimiento, la migración continuará. Ahora que, siempre pueden optar por frenar su desarrollo y con ello evitar que más mexicanos se vayan a vivir del otro lado del Río Bravo. ¿Estarán dispuestos a pagar ese absurdo costo?

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