Independientemente de qué tan querido pueda ser como persona, se trata de un político muy respetado y algunos inclusive le temen. Su trayectoria pública hace imposible menospreciarlo y el Presidente lo sabe.

No tiene edad para retirarse, ni se le ven ganas de probar fortuna en una embajada. Tampoco parece interesado en las oficinas de los secretarios de Estado que las columnas ubican como próximas a desocuparse. Enrique Peña Nieto tiene deudas con Manlio Fabio Beltrones porque como coordinador de la bancada priista en la Cámara baja le entregó buenos resultados. Para lo bueno y también para lo malo fue uno de los principales operadores del Pacto por México, y por ello toca ahora que cobre una recompensa digna. El problema para el Presidente radica en que ninguno de los premios imaginables viene exento de costos.

Hay quien ve obvia la llegada de Beltrones a la dirigencia del Revolucionario Institucional. Él mismo ha hecho saber que tiene interés en ese cargo. Otros lo han propuesto para que sea el futuro secretario de Gobernación. Lo cierto es que ambos puestos convertirían a Beltrones en potencial candidato a la Presidencia dentro de tres años. ¿Quiere el actual habitante de Los Pinos colocar al sonorense en esa pista donde muy pocos correrán? ¿Tiene opción de no hacerlo?

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