No hay más alto honor para un profesional del derecho que ser considerado para ocupar un asiento en el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es de suponerse que ahí sólo deberían llegar los mejores.

Cada vez que se entrega el nombramiento de ministro, de un lado se trata de elegir a quien durante 15 años interpretará en última instancia la Constitución y las leyes. Del otro también significa premiar a los mejores oficiantes de una vocación.

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