No se hagan bolas, sigue siendo Videgaray

A diferencia de su jefe, se esmera poco en cultivar el lado emocional de la política. No es un hombre amable, ni se preocupa por ello. Con frecuencia lo acusan de arrogante.

En casa los talentos se repartieron sin equilibrio. Mientras a él le tocó jugar con la baraja de la neurona, a su hermano, el locutor Eduardo Videgaray, le entregaron las cartas del carisma.

Sin embargo, Enrique Peña Nieto lo admira por su principal talento y supondrá que lo demás puede resolverse. Si Ernesto Zedillo – el más cerebral de los ex presidentes mexicanos – logró llegar a Los Pinos, ¿por qué no Luis Videragay?

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