Por Marta Durán de Huerta

¿De dónde viene el dinero que derrochan estos jóvenes a manos llenas? De sus papás, que son funcionarios públicos, líderes sindicales, traficantes de drogas, empresarios que lavan dinero del crimen organizado, beneficiarios de las privatizaciones.

Los juniors, pirruris, niños popis, mirreyes, tienen muchos nombres y un común denominador: son arrogantes y odiosos. Pero ese no es el problema de fondo, sino que las fortunas que disfrutan provienen de dinero mal habido, fruto del despojo y la corrupción.

Estos jóvenes se comportan como si la vida fuera una competencia por ver quién es el más rico, el más poderoso. El sentido de su existencia es exhibir lo que tienen. Van de escándalo en escándalo y siempre están rodeados de mujeres.

Estas criaturas de la ostentación, que desprecian a los que viven de su salario, saltaron a la fama con la aparición de las redes sociales. Antes solo los que estaban cerca de ellos se enteraban de sus desmanes, de su prepotencia y abuso de poder. Ahora se pavonean exhibiendo sus hazañas en Internet.

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