La satisfacción con el país no mejora. Se perciben mal la democracia, el Congreso, los partidos, la presidencia y las elecciones. Hay reclamo por la seguridad y la corrupción, también hay malestar por el rumbo de la economía, la injusta distribución del ingreso y las dificultades para subsistir.

Cada dos años se publica en América Latina una serie de indicadores políticos y económicos que, de manera consistente, colocan a México en la parte más baja de la tabla.

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