Ellas van atrás, en el asiento del copiloto. Abrazan por la cintura al hombre y se dejan llevar. Nacieron para ocupar ese sitio. Sería arbitrario que ella condujera y él viajara como apéndice de una mujer.

Aún mayor anomalía es la mujer motociclista no acompañada de varón. El motero debe ser hombre y muy varonil; que ella conduzca sola, en una motocicleta, es una rareza.

En México, una mujer sin compañía no ha de viajar nunca, en ninguna circunstancia.

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