La complejidad de las realidades que Jean François Boyer ha observado a lo largo de su vida, en Medio Oriente, en África y en América Latina, es tan caudalosa y vasta que los estrechos confines del ensayo o la crónica hacen las veces de muro fronterizo. Boyer ha elegido la novela y en Lágrimas de volcán, su primera ficción narrativa, ha hecho uso de distintos contextos, hablando a través de distintos personajes, para espetar una crítica mordaz en contra de las nuevas generaciones: el desvarío y la frialdad de la lucha armada. El fusil en manos ya no persigue la hoz ni el martillo; tampoco enfrenta a los autoritarismos militares o sueña con una revolucionaria justicia social. Las armas y la violencia derramada obedecen a un consumismo ramplón, van a la caza de la avaricia desorbitada, detrás del lujo y el champán. ¿Observamos un reacomodo radical de los valores en las juventudes? ¿O estamos más cerca, por fin, del quiebre democrático en el que las urnas remplazan la pólvora del revólver?

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