El siglo XXI trajo una verdadera revolución energética. Por desgracia, no fue el turno de las energías renovables sino del fracking y del shale gas. La innovación tecnológica y los yacimientos en Texas y en Dakota del Norte convirtieron a Estados Unidos en la nueva potencia energética del mundo.

Sin embargo, Arabia Saudita, el viejo sultán petrolero, no cedió el timón frente a Washington, pues recortó drásticamente su producción para sumergir en 70% los precios del mercado internacional de crudo. El petróleo artificialmente barato detuvo el auge energético de Estados Unidos.

En medio de esta guerra de precios han quedado atrapados varios países petroleros: desde Noruega hasta Nigeria, pasando por Rusia, Venezuela, Brasil y México.

La caída del precio del barril abarata el suministro de energía para millones de personas. Pero también activa un efecto dominó que deteriora las finanzas públicas, daña la solidez económica y pone en riesgo la estabilidad política de varios gobiernos.

¿Cuáles son los países que ganan y pierden con los hidrocarburos baratos? ¿Cómo se reacomodó el tablero geopolítico a partir de la revolución energética? Ricardo Raphael conversa con Carlos Rodríguez, Director de Bloomberg News en México.

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