No suele tener control sobre sus gestos y aspavientos. Es por ello objetivo consentido de fotógrafos: el presidente consejero del INE duda con la ceja muy arqueada, se mofa sin pudor, golpea la mesa, extiende los brazos hacia el techo, hace pucheros y abunda en público con otras expresiones relativas a su carácter.
Es un hombre esencialmente franco y está orgulloso de serlo. No se trata de una persona que disfrute colocándose encima el abrigo de la institución a la que representa. Más bien hace lo contrario, prefiere imponer su personalidad a la presidencia del INE.

Pero su estilo directo y desenfadado no suele coincidir con las formas más tradicionales de la política mexicana. Por su transparencia ha sido juzgado por algunos como un hombre cándido. Él podría responder que en lengua inglesa las palabras cándido y honesto (franco) son sinónimos.

Pues con candidez conversó vía telefónica sobre un episodio que le ocurrió y que ha narrado otras veces en privado.

En su calidad de autoridad electoral recibió a un grupo de personas indígenas que, desde la perspectiva del funcionario, impostaron la identidad con el objeto de presentar un argumento inaceptable.

Para leer columna completa: Clic aquí

 

Previous post Derechos de los Jornaleros Agrícolas
Next post En caliente