Su tesis gira alrededor de lo siguiente: hay en el país una nueva generación política. “Los mirreyes”. Sus características son las siguientes, entre otras: Uno, ostentosos. Dos, dispuestos a corromperse. Tres, cobijados en la impunidad. Cuatro, la educación universitaria les vale y solo se anotan en cursos, digamos, de posgrados, para hacer conocidos con los cuales puedan seguir trepando en la escala política. Así, en una primera lectura, tal cual son algunos de los discípulos de Fidel Herrera, a quienes él mismo llamara, primero, ‘’Los niños fieles’’, y luego, “Los niños infieles”.

Por ejemplo: mientras el góber fogoso y gozoso habla inglés y francés, y lee el italiano y el alemán, ninguno de ellos habla, ni siquiera, vaya, el inglés, a excepción del inglés perfecto de Érik Porres Blesa, secretario de Desarrollo Económico.
En tanto Fidel tiene una maestría y un doctorado, ellos tienen, apenas, apenitas, cursitos de posgrado, incluso, hasta por internet y correspondencia. Peor tantito, graduados en cursitos armados ex profeso para un montón de “Niños infieles”, cuyos diplomas se los entregaron como volantes en una kermés popular.

Aun cuando, sin embargo, hay una excepción. Javier Duarte estudió el doctorado en Economía, lo que se ha reflejado en el manejo de las finanzas y de la deuda pública. Mientras Fidel llegó a la gubernatura luego de varios cargos públicos federales, y de cuatro diputados federales y la senaduría, ellos nunca, jamás, tuvieron antes un puesto público, ni tampoco fogueos en el campo de batalla ni tampoco experiencias administrativas.

Y, por tanto, trepados en el poder político, social y económico, desplazando a varias generaciones; pero más aún, a grupos políticos locales, se volvieron, como dice Ricardo Raphael, ostentosos, mesiánicos y soberbios; pero más aún, dispuestos a corromperse lo más pronto posible.

DE CARLOS HANK A MANUEL VELASCO COELLO

Otra característica de “Los mirreyes” es que se integran en un grupo y/o grupitos, construyen sus propias relaciones y entonces se lanzan al mayor número de reuniones y fiestas para aumentar el número de conocidos. Así, siempre buscan filtrarse entre las elites políticas, sociales y económicas para abrirse  puerta a los diferentes niveles del poder, y por añadidura, seguir incrementando su riqueza personal…a costa, siempre, del presupuesto oficial.

Tal cual, el trofeo de su realización personal en política son las mansiones donde viven, el apartamento de lujo frente al mar para descansar los fines de semana, el yate en el mar, la motoneta para pasear con los amigos y las barbies, el avión particular estacionado en el aeropuerto oficial y las cuentas bancarias en el país y en el extranjero.
Por eso, el modelo de todos ellos se llama Carlos Hank González, aplicando de manera invariable su principio rector y que constituye su única aportación como jefe del grupo Atlacomulco a la nación: “Político pobre es un pobre político”.

Y por tanto, creen que tal filosofía política les autoriza a enriquecerse a la sombra del erario, “ordeñando la vaca y metiendo la mano al cajón”. Hoy, el ícono es Manuel Velasco Coello, el gobernador más joven del país, apodado ahora “El güero cachetadas”, y quien siguiendo la sabia enseñanza de Enrique Peña Nieto, también contraerá nupcias con una artista de Televisa, la estrategia que ha sido inmortalizada en la película “La dictadura perfecta”, de Luis Estrada. La corrupción, dice Ricardo Raphael, ha mudado en un fenómeno colectivo en toda la generación de “Los mirreyes”.

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