Las cosas por su nombre: las derrotas que el PRI enfrentó el domingo pasado son responsabilidad de su dirigencia. Y porque se trata del partido gobernante la carga principal está en Los Pinos y no en las oficinas del tricolor.

Es un pretexto sin sustancia señalar a Manlio Fabio Beltrones como fusible quemado por los resultados obtenidos.

En agosto del año pasado Beltrones recibió un partido abollado: los escándalos de corrupción (Casa Blanca y Malinalco) y de derechos humanos (Ayotzinapa y Tlalaya) pesaban como losa de cemento sobre el priísmo. No ayudaba tampoco la aprobación del Presidente, que por esa fecha era la más baja en la historia mexicana.

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