El texto se desintegra. Párrafo tras párrafo las palabras desaparecen para regresar al lugar de donde, sin permiso, fueron extraídas veinte años atrás.

Gracias al trabajo periodístico esas ideas robadas pueden hoy volver con sus dueños, como si fueran la obra devuelta a la pared vacía del museo.

El plagio merece tanto repudio como cualquier hurto. No debe ser objeto de condescendencia. Sin embargo, como en todo, hay especies distintas de plagiarios.

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