De la insurgencia a la gran conversación

México está experimentando una movilización social intensa. No se trata de la marcha convocada por los jóvenes de una ciudad o de una caravana liderada por un solo hombre. La participación social que se observa en las calles es la expresión de un gran malestar social detonado por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, pero sus causas van más allá de esta tragedia.

No es sencillo caracterizar a este movimiento porque está integrado por personas, grupos e intereses muy distintos y también porque, dada su diversidad, no hay acuerdo sobre una forma única y legítima de manifestarse.

Esta expresión masiva reúne a mexicanos genuinamente agraviados por el abuso del Estado que durante los últimos ocho años ha barrido, sin distinguir, a víctimas y delincuentes; arbitrariedad ahora plasmada en los frescos abrumadores de Tlatlaya e Iguala.

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