Nunca antes en la historia política mexicana, desde que se levantan encuestas, la aprobación del Presidente de la República había sido tan baja. Enrique Peña Nieto llega con un nivel de popularidad que no rebasa el 32 por ciento. Si se compara con sus cuatro antecesores, ninguno tuvo una calificación tan baja a la mitad de su mandato.

Este es el principal de los problemas del habitante de Los Pinos. Un déficit de legitimidad que no puede evadirse.

Es coincidente ese nivel de aceptación con la intención de voto que arrojan las encuestas para el partido en el gobierno. En promedio, el Partido Revolucionario Institucional trae un 32% del voto en las preferencias para el próximo domingo. Así las cosas, el cielo anda rojo para esa fuerza política que tanto gusta de tal color. Sin embargo el PRI no va solo en su camino. Ha sido ostensible su alianza con el PVEM y también con el PANAL y todos juntos podrían inaugurar, a partir de la próxima semana, una nueva coalición gobernante.

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