A la hora de enfrentar la justicia mexicana es preferible ser rico que pobre y todavía mejor, ser político que rico. En nuestro país tenemos tres fueros distintos y cada uno responde a su propia perversidad.

Sin duda el más arbitrario es el tercero. Las razones por las que un político va a dar a la cárcel son tan misteriosas como arbitrarias.

Durante la mayor parte del siglo pasado la regla era sencilla. Quien perdía el favor presidencial caía en desgracia y la cárcel era el último recurso de esa desdicha.

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