El mejor chivo expiatorio es el que se comporta como chivo en cristalería. Alfredo Castillo Cervantes, director de la Conade, es ambas cosas.

Hay quien lo acusa como el principal responsable del pobre desempeño que la delegación mexicana está teniendo en los Juegos Olímpicos. También ha sido señalado de ser un sujeto imprudente y pendenciero en su desempeño como funcionario público.

Lo primero es una apreciación injusta pero lo segundo no: Castillo es un sujeto que siempre deja cristales rotos por donde va pasando.

Para leer columna completa: Clic aquí

Previous post Mexicanos en el exterior
Next post Cristiada contra homosexuales