Muy probablemente el Gran Premio sea un éxito en México porque aquí la reputación y el privilegio fundan sus raíces en la cultura de la discriminación.

Durante la segunda mitad de su vida, el general Porfirio Díaz utilizó polvo de arroz para blanquearse el rostro. En la vejez, el héroe de la Intervención Francesa padeció el trastorno de querer parecer francés.

Un mercadólogo contemporáneo diría que aquel fue un tic “aspiracional” del dictador, quien recurrió, acaso con ayuda de su esposa Carmen Romero Rubio, a la simulación para saltar barreras tan imposibles como las de la genética cutánea.

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