El anuncio de una nueva Secretaría de Cultura trae consigo la promesa, hasta ahora incumplida, del respaldo cabal del Estado al teatro, al cine, a las letras y las artes. Finalmente, tras haber sido ratificada en una semana tanto por el Senado como por los Diputados, la nueva Secretaría se convierte en el símbolo institucional de la importancia de la cultura en México. Sin embargo, la iniciativa levanta varias sospechas al venir acompañada de un fuerte recorte presupuestal para la cultura; sorprende la propuesta que viene del presidente que no pudo nombrar tres libros que lo hayan marcado y que está suscrita por un diputado -el nuevo presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara baja- incapaz de mencionar la última opera o pieza dancística que le haya impactado. Además, Aurelio Nuño declaró ante congresistas que la nueva Secretaría de Cultura se creaba para desembarazar a la SEP de una tarea que “no tiene tiempo para atender”. ¿Es la creación de la nueva Secretaría de Cultura el apoyo de fondo que necesita el sector o sólo un incierto cambio de engranes burocráticos?

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