Respuesta a Guadalupe Lizárraga

Respuesta a Guadalupe Lizárraga

Ricardo Raphael

23 de mayo de 2019

 

Señora Lizárraga, me dirijo a usted después de meditar largamente las consecuencias de no hacerlo. Estoy consciente de que al responder a sus reiteradas agresiones públicas voy a aportar polvo que restará visibilidad sobre los temas fundamentales en el caso Wallace. Sin embargo, de mantener el silencio sería cómplice suyo para afectar la credibilidad de mi voz como periodista, a la hora de investigar y denunciar las arbitrariedades ligadas a ese mismo caso.

Estoy pues ante un dilema del que no es posible escapar: o bien combato las acusaciones que ha hecho al llamarme “desinformador” y “plagiario,” –aunque al hacerlo exhiba argumentos que pueden ser utilizados en contra de las víctimas– o bien callo, y entonces mi voz pierde la credibilidad pública necesaria para pronunciarme sobre este expediente.

Frente a las paradojas se trasciende o se sucumbe: intentaré aquí hacer lo primero a partir de los siguientes argumentos:

 

1. Miente usted cuando me acusa de desinformar.

 

Comienzo por refutar su texto del viernes 10 de mayo titulado “Ricardo Raphael, desinformar no es opción[1],” publicado en Los Ángeles Press. Ahí me acusa de ser un integrante de “la prensa tradicional” que ha sido cómplice de fabricación en el caso Wallace.

No sé a ciencia cierta qué quiere usted decir con ese lugar común y tampoco es objeto de este texto justificar mi trayectoria periodística, que más de una vez se ha construido a contracorriente. Pero en mi defensa me atrevo a mencionar que al menos en cuatro ocasiones he confirmado mi compromiso con el tema que nos reúne en este debate:

 

  • El domingo 25 de noviembre de 2018 publiqué una reseña de su libro “El Falso Caso Wallace[2]” en la revista Proceso donde a la letra dije que admiraba su tenacidad, la cual daba prueba de que “el gremio (periodístico) es capaz de seguir haciendo el trabajo indispensable.” Un párrafo antes destaqué su elocuencia investigativa, la cual “obliga al resto de sus colegas a que revisemos cada una de las piezas de evidencia ofrecidas en su libro.”

 

  • El miércoles 12 de diciembre de 2018 dediqué una hora entera para entrevistarla en el programa Espiral, que conduzco semanalmente para el Canal 11[3]. Ahí, por vez primera en televisión abierta, compartió usted con una audiencia mediática amplia, los argumentos de la investigación.

 

  •  El miércoles 19 de diciembre de 2018, en ese mismo programa televisivo, entrevisté a María Isabel Miranda de Wallace, para confrontar la evidencia recabada por usted, la organización En Vero y otros periodistas, a propósito de las irregularidades del caso relativo a su hijo[4]. Debo recordarle que no pude tenerlas a ambas, a Isabel y a usted –al mismo tiempo en entrevista–,porque las dos se negaron a encontrarse cara a cara.

 

  • El 30 de diciembre publiqué nuevamente un texto en la revista Proceso titulado “Crónica de un caso de demagogia punitiva,” donde narré mi personal aproximación al caso Wallace[5]. Ahí cuento que fue David Bertet, directivo de En Vero, quien puso en mis manos el libro de su autoría el cual, a mi parecer, profundiza las investigaciones que antes habían realizado Anabel Hernández, José Reveles y Jorge Carrasco, todos autores de la revista Proceso. También digo que “en una sola noche leí ‘El Falso Caso Wallace’ y amanecí con un saco abultado de interrogantes.” Preguntas que usted dejó abiertas y que otros periodistas debíamos sumarnos a responder.

 

Con estos antecedentes no puede usted desestimar mi compromiso profesional, serio y ético, con el caso. Ningún otro colega le ha dedicado mayor reconocimiento a su trabajo. Pero se equivoca al suponer que mi respeto inicial le entregó a usted derecho para descalificar mi periodismo, adjetivándolo de tradicional, desinformador o plagiario.

 

2. Miente usted cuando me acusa de plagio.

 

Cuando Jacobo Tagle Dobin, uno de los supuestos secuestradores del hijo de Isabel Miranda, celebró su primera declaración ministerial, en el año 2010, este dijo a la autoridad que Hugo Alberto le habría comentado que el señor José Enrique del Socorro Wallace Díaz no era su progenitor y que a él le hubiera gustado convivir con su padre biológico.

Usted, señora Lizárraga, no es la fuente de esta pieza de información, la cual llegó a sus manos gracias a las investigaciones que, sobre el expediente, realizó el personal de En Vero. En 2014, Anabel Hernández y después José Reveles divulgaron elementos coincidentes con esta evidencia.

Ciertamente, en el capítulo 22 de su libro “El Falso Caso Wallace,” se menciona que Carlos León Miranda o Jacinto Miranda, podrían ser los nombres del verdadero padre de Hugo Alberto, sin embargo, al momento de la publicación de su texto, en octubre del 2018, usted no había aún corroborado este dato fundamental.

 

3. Se equivoca cuando presenta al señor Carlos León Miranda como protagonista del caso Wallace.

En otro texto fechado el jueves 16 de mayo, titulado “Proceso me genera daño moral porque denigra a mi familia: Dr. Carlos León Miranda[6],” publicado también en Los Ángeles Press, usted me acusa de haber escrito imprecisiones sobre el árbol genealógico de Carlos León Miranda y María Isabel Miranda de Torres, “las cuales … dañan moralmente al protagonista de la historia.”

En los hechos no aporta un solo dato a propósito de tales imprecisiones sobre ese árbol genealógico. Sin embargo, a partir de ese mismo texto surge un diferendo fundamental a propósito de su valoración sobre el caso Wallace: desde mi punto de vista el señor Carlos León Miranda no es ni remotamente víctima en esta historia, tampoco protagonista.

Usted siguió su propio criterio al acudir directamente con el señor Carlos León para confirmar si, en efecto, se trataba del padre biológico de Hugo Alberto Wallace Miranda. En mi caso fueron otras las consideraciones que condujeron mi curso investigativo.

Me explico: en un principio me provocó desconfianza un individuo cuya relación con el caso tiene aristas cuestionables. Primero, este médico, cuando tenía 28 años, sedujo a una menor de edad, que además era su prima. Segundo, durante más de veinte años se desinteresó en la vida de su hijo biológico, a pesar de tener noticia de suadicción temprana a las drogas. Tercero, Carlos León Miranda acudió a la Procuraduría General de la República para donar una muestra de sangre que luego fue falsamente registrada como original del señor José Enrique del Socorro Wallace Díaz. Y cuarto, sabiendo que, con esa evidencia, se perseguiría y luego se condenaría a gente inocente, guardó silencio durante 13 años.

Señora Lizárraga, desde este conjunto de reflexiones, el doctor León no era para mi una fuente confiable. Ello no lo hace menos padre, desde el punto de vista biológico, de Hugo Alberto León Miranda, pero habían otras maneras para corroborar la información y yo acudí a ellas.

Esto no vuelve mejor o peor mi periodismo: cada profesional tiene derecho a perseguir la ruta que considere más próxima a su ética y sus interrogantes.

Debo ahora reconocer que la participación de Carlos León en el Senado, convocada por usted, me hizo reflexionar sobre un hombre que tiene conciencia del daño que su silencio ha causado, y también de la voluntad por restituir,con su conducta, algo de justicia para las víctimas.

 

4. Miente usted cuando dice que no realicé mi propia investigación.

 

Durante la entrevista a la señora Wallace del 19 de diciembre pasado, en el programa Espiral, ella afirmó en cadena nacional que el padre biológico de Hugo Alberto era el señor José Enrique del Socorro Wallace[7]. Como es del conocimiento público, este dato –en apariencia de la vida privada–, al ser falso, debilita seriamente la hipótesis criminal del supuesto secuestro y asesinato de Hugo Alberto.

Si en realidad Carlos León Miranda es el padre biológico, entonces la gota de sangre hallada por la autoridad en el presunto sitio del crimen habría sido fabricada para inculpar gente inocente.

Por esta razón, cuando una persona del entorno del señor León Miranda me contactó para ofréceme información clave a propósito del matrimonio entre Isabel y su primo, así como sobre la paternidad biológica del desaparecido, decidí profundizar en la investigación.

Tenía como opción hacer como hizo usted, es decir, viajar a Ensenada y entrevistar a un sujeto con respecto a quien guardaba las reservas antes expresadas.

Pero a mis reflexiones anteriormente esgrimidas se sumó, además, que mi fuente me había solicitado mantener su nombre y el de su descendencia fuera de los reflectores, lo mismo que al doctor León.

Fue por estas razones que opté por viajar a Tejupilco de Hidalgo, población de la que son originarias las familias León y Miranda, para reconstruir el árbol genealógico del señor Carlos y la señora Isabel. En ese poblado realicé más de una docena de entrevistas que me permitieron corroborar la información proporcionada por mi fuente y con tales hallazgos acudí después al registro civil para localizar los documentos probatorios, tanto del matrimonio de los padres como del nacimiento de Hugo Alberto.

Durante lo mismos días en que estaba realizado esta investigación, porque una fuente distinta a la mía le proporcionó evidencia similar, usted decidió acudir al puerto de Ensenada para entrevistar al doctor Carlos León Miranda.

Señora Lizárraga yo no le robé ni tomé prestado nada. Al mismo tiempo ambos realizamos investigaciones paralelas, con fuentes y en geografías distintas, que arribaron –para beneficio de las víctimas del caso Wallace– a la misma conclusión.

A diferencia de Los Ángeles Press, un blog donde usted puede publicar cuando le venga en gana, la revista Proceso sale a puestos de periódico los domingos. Esta es la única razón por la cual su investigación apareció pocos días antes que mi reportaje, titulado “Un acta de nacimiento revela otra mentira de Isabel Miranda[8].”

Debo precisar, por otro lado, que cuando usted subió a la red la entrevista realizada al señor León, yo recibí una llamada de mi fuente quien me reclamó por haber compartido información que me hubiese pedido explícitamente reservar. Le aclaré a esta persona que no era yo quien había compartido tales datos con usted porque abrevábamos de fuentes distintas.

Usted recrimina que en el reportaje referido no la cité con los honores que se merecía. Debo aclarar que en las publicaciones anteriores ya la había nombrado con elogio y que nunca he dejado de mencionarla como una periodista que viene aportando información fundamental. El reportajeantes citado no es la excepción.

 

5. Desconfío de su protagonismo y su desapego frente a las verdaderas víctimas.

 

Desde la aparición del reportaje de abril usted decidió colocarme en el lado de los enemigos y, como comenté arriba, al mismo tiempo confundió el papel del señor Carlos León en esta historia.

A partir de una comunicación privada entre David Bertet y un servidor, usted emprendió una campaña desorientadora y furiosa en mi contra y de la organización En Vero, así como en contra de otros periodistas como Anabel Hernández.

Sin embargo, lo que me desconcertó con mayor agravio es el trato que ha dado a los padres de las víctimas del caso Wallace. Temo que su nivel de confusión sea muy grande y como prueba exhibo esta comunicación reciente dirigida a ellos y enviada por usted, (aclaro que he recibido autorización para compartirla):


“No soy un Quijote de la Mancha, ni una Juana de Arco … He hecho todo lo que jamás ningún periodista de sus admiraciones haría. Incluyendo Carmen Aristegui y a Anabel Hernández, ambas con pruebas de ser parte de la fabricación de culpables de sus propios hijos …

Piensen bien las cosas. Hagan terapia de grupo, y de todo lo que sea necesario, por lo que deben cuestionar ustedes mismos …

A partir de este momento, me desprendo de ustedes por un tiempo. Seguiré respondiendo llamadas solo de sus hijos por (que) lo hacen de las cárceles y no les voy a negar mi apoyo, pero mientras ustedes no restauren su dignidad, su valentía, su fuerza, su amor por ustedes mismos, y recuperen fuerzas, no puedo seguir dándoles de mí lo que no aprecian.”


 

Estos párrafos describen mejor que nada los resortes genuinos de su participación en el caso Wallace. No alcanza mi inteligencia para comprender cómo se atreve usted a hablarle así a los padres de las víctimas que, durante 14 años, han sufrido cosas indecibles. ¿Quién es usted para exigirles que restauren su dignidad, o su valentía, o el amor propio?

Apenas comprendo que su mezquindad la lleve a enfurecer cuando otros integrantes del gremio periodístico nos invertimos en una investigación que usted consideraba de su propiedad exclusiva, pero me rebasa moralmente que sea capaz de maltratar a los padres –a mujeres tan excepcionales como Enriqueta, María Elena, Rosa o Raquel– pretendiendo que es usted más digna, tiene más fuerza o sufre más que ellas.

Por esta razón es que decidí tomar distancia de su trabajo periodístico y prefiero, como han hecho muchos otros, alejarme también de su persona.

 

6. Violó usted la ética profesional respecto a las fuentes.

 

Señora Lizárraga, en su comunicación del día 10 de mayo usted pretendió otorgar nombre y apellido a mis fuentes, aún si yo no las he mencionado jamás[9]. Sin tener certeza de esa información, puso en riesgo a personas que podrían sumarse a la lista de victimas del caso Wallace. No voy aquí a confirmar sus suposiciones, y sin embargo le reclamo que haya mencionado a personas que no tienen por qué verse involucradas con sus filias, sus fobias o sus protagonismos.

 

7. El fotógrafo que se interpone entre la cámara y el paisaje es un pésimo fotógrafo.
Usted, señora Lizárraga, no es la actriz principal de este caso: son las víctimas. No compita con ellas, no reste a los esfuerzos por su liberación, no se crea más importante de lo que podemos ser los reporteros.

Sobre todo, no le haga la tarea a la señora Wallace porque desde hace un tiempo se ha vuelto usted adversaria de sus adversarios y, como dice el refrán, eso la convierte en amiga de quien no debería serlo. Comenzó mal cuando se distanció de las víctimas, continuó peor al confundirse con el señor Carlos León; no vaya usted a terminar trabajando para su alter ego: la señora Wallace. ¿O debo presumir que ya lo está haciendo?

TU OPINIÓN ES IMPORTANTE

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By | 2019-05-23T18:40:09-05:00 mayo 23rd, 2019|