“No me haga esa pregunta porque puedo mentir,” responde locuaz el taquero de la esquina. “¿Que cómo estoy, pues bien? ¿Qué, no se ve? Y si estuviera mal, a usted, que la acabo de conocer, no se lo diría. Por tradición familiar no hablo con extraños.”

A menos que la persona se encuentre justificada y evidentemente del demonio, también por tradición a la pregunta de cortesía se responde en positivo: (“¿Cómo estás?”, “Bien, ¿y tú’”).

Interroga el encuestador: “¿Qué tal, cómo vas con tu marido, con tus hijos, con tus amigos?”

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