El Presidente puede salvar la Fiscalía

La persona que ocupará la silla del primer fiscal general de la República (FGR) debe despertar el máximo respeto social posible o de lo contrario esa institución nacerá derrotada.

De nada sirve que la Constitución diga que ese órgano será autónomo si no es percibido así. Es también inútil dotar de un diseño perfecto y traer a las oficinas a los mejores talentos si se valora que la cabeza de la institución responderá a intereses ocultos.

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