En la campaña que corre, hacer o decir cosas poco inteligentes está permitido. Peor aún, puede ayudar a que ciertos candidatos ocupen un cargo de representación y hasta de gobierno. Una fuerza que va más allá de la comprensión racional hace que en México individuos, cuya capacidad política es poca, adquieran poder y luego se dediquen a hacer mucho daño.

No sería justo generalizar pero en el negocio de la política mexicana las teorías de Darwin fallaron: aquí suelen ganar los menos aptos para gobernar. Pueden ser los más capaces en el negocio de la corrupción, la mentira, el abuso de autoridad, el conflicto de interés, el engaño y el cinismo, pero no por ello califican como sujetos inteligentes en el ejercicio de la política. No poseen, en concreto, la habilidad que se requiere para conducir los asuntos públicos con eficiencia y a favor del mayor número posible de personas.

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