El 1 de junio de 2014 Enrique Peña Nieto visitó la ciudad de Tampico sin visitarla. Lo acompañaron varios secretarios en un acto solemne para celebrar el Día de la Marina. Sin embargo la ceremonia sucedió lejos de tierra firme, sobre un buque, el Papaloapan, estacionado frente al puerto.

Habitantes de los alrededores acudieron en número grande para manifestarse contra la falta de resultados del gobierno en materia de seguridad. Enojó mucho que el Presidente pusiera mar de por medio con los gobernados.

Llegó en helicóptero y en esa misma nave partió sin hacer siquiera contacto visual con la población agraviada. Cabe suponer que el Estado Mayor consideró riesgoso exponer al jefe del Estado en una geografía sometida al yugo violento de los criminales.

Es probable que sea también este el argumento por el que Peña Nieto no ha visitado Iguala o Ayotzinapa. Y sin embargo, tal y como en junio pasado sucedió con las escolleras abigarradas de individuos inconformes, hoy también se resiente pésima la distancia presidencial para con el sufrimiento de las poblaciones agredidas.

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