Hay que tener ganas de echarle limón a la herida y todavía más ganas de ofender la inteligencia ajena para compartir un mensaje como el que Enrique Peña Nieto entregó los días pasados a propósito de la Casa Blanca.

Deben escucharse en cámara lenta las palabras del señor presidente para no perder detalle respecto a la arbitrariedad de sus contradicciones.

Para leer columna completa: Clic aquí

Previous post Enrique Quezadas
Next post ÚLTIMO INFORME. NUEVA LEGISLATURA