Paranoia simultánea

/, Opinión/Paranoia simultánea

Mi filósofo favorito, Benito Spinoza, tiene una frase que por estos días no me deja en paz: “aquél que quiera distinguir entre lo verdadero y lo falso debe tener antes una idea adecuada de lo que es verdadero y lo que es falso.”  Esta sentencia bien sirve para discernir cuando se está ante un delirio provocado por las trampas de la imaginación o frente a una realidad corroborada por los hechos.
 Tengo para mi que parte de nuestra sociedad hoy atraviesa por un trastorno que merece ser confrontado: de un lado están quienes aseguran que hay un loco metido a candidato presidencial que si pierde la elección va a desconocer los resultados para después convocar a una revolución que descarrilará a nuestro muy vulnerable país.
Del otro están sus parientes, quienes ya cocinaron el platillo del fraude electoral antes de haber acudido al mercado para confirmar la existencia de los ingredientes.
Me topo todos los días en la estación que me vincula a las redes sociales con una tonelada de argumentos, unos más disparatados que otros, tratando desesperadamente de exhibir una conspiración mundial que supuestamente ya logró penetrar a las autoridades electorales, violándo todos los candados dispuestos por la ley comicial. Una urdimbre perversa que ya compró a todos los representantes de casilla, que ya anuló a todos los vigilantes enviados por los partidos, que ya falsificó el material electoral, en fin, una asociación delictuosa de naturaleza olímpica que ya colocó a Enrique Peña Nieto como presidente de la República y dejó a Andrés Manuel López Obrador definitivamente postrado.
Tiene razón el candidato de las izquierdas cuando acusa a sus adversarios de haber emprendido una guerra sucia en su contra. Desde la elección pasada, los enemigos de AMLO se hicieron muy hábiles a la hora de alimentar trastornos delirantes entre el electorado. Con su cantaleta del “peligro para México” lograron contagiar a más de un paranoico.
Hay que reconocer también que, entre los seguidores del candidato perredista, abunda por igual la imaginación torcida cuando no la mala fe. Ellos se defienden argumentando que la burra no era arisca, pero cierto es que se ha vuelto imposible conversar con los más furibundos especímenes del léxico hiriente y rijoso, que se niegan a escuchar un argumento distinto al que ya tienen sancochado entre sus más necias neuronas.
En medio de ambas expresiones paranoicas nos hallamos el resto de las y los mexicanos; ninguno, cabe decir, inmune frente al alud de supuestas evidencias que, desde uno y otro extremo de la creencia política, nos arrojan todos los días.
Confieso sin ambages: frente a este tema, me siento en el justo medio de la geometría que por las calles construyen el perro y el poste; estoy acosado, de un lado, por la guerra sucia de los oligarcas y, por el otro, por la guerrilla sucia de quienes se asumen como las únicas almas puras capaces de enfrentar a los primeros.
Acaso me equivoco pero tengo ya la conclusión de que AMLO no es un peligro para nadie. Es verdad que dijo en el programa Tercer Grado que solo respetaría el voto popular (¿querían más?), sin hacer un compromiso explicito hacia el veredicto del IFE o del Tribunal Electoral.
Con todo, también estoy claro de que, más allá del desastroso plantón de Reforma, este mismo personaje no llamó a las armas, ni convocó a la Revolución en el año de 2006. Tuvo el mal gusto de ensuciar por varias semanas mi avenida preferida pero no lo vi desbarrancar al país, ni arrojarlo al hoyo negro que algunos profetas anuncian. En sentido inverso he oído con atención las declaraciones de lealtad democrática y responsabilidad que el mismo personaje va repitiendo durante esta campaña.
Parecida convicción tengo de que, por más intereses que se encuentren en juego a propósito de esta contienda, es francamente difícil burlar a la compleja relojería que instalará las urnas y las casillas el próximo 1º de julio; la misma que contará los votos, producirá las actas, nutrirá al programa de resultados preliminares y, al final, nos informará sobre el nombre del próximo presidente legítimo y legal de los Estados Unidos Mexicanos.
Exploro con detalle cuanto argumento en contra de esta certidumbre me llega a las manos y francamente ninguno ha podido encender en mi conciencia la pólvora suficiente para arrastrarme hacia las coladeras de la paranoia. Acaso por salud mental, hoy quiero pensar que formo parte de una amplia mayoría.

TU OPINIÓN ES IMPORTANTE

TU OPINIÓN ES IMPORTANTE

By | 2014-09-06T09:02:46+00:00 junio 18th, 2012|