Lleva 11 años preso sin que se dicte sentencia, siquiera en primera instancia, de alguno de los 34 plagios en los que supuestamente participó.

A pesar del cambio de régimen la fabricación de culpables continúa siendo un delito sin perseguir en nuestro país.

Pueblan las cárceles cientos, quizá miles, de personas que fueron privadas de su libertad injustamente.

Desde que me involucré en la investigación del espinoso caso Wallace con frecuencia recibo testimonios de personas que afirman haber sido víctimas de investigaciones amañadas, tortura, falsificación de pruebas y monstruosas violaciones a sus derechos constitucionales.

Un denominador común en todos estos casos es que la única sentencia emitida fue la de la opinión pública, pero la de los tribunales permanece pendiente. Inculpados juzgados por los medios de comunicación que aún esperan veredicto del Poder Judicial.

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