Mirreynato: entrevista con Ricardo Raphael

El “Mirrey” es un personaje público que aparece en el siglo XXI. Es, en palabras del periodista Ricardo Raphael y autor del libro Mirreynato, la otra desigualdad, el junior clásico elevado a la quinta potencia: más prepotente, más jactancioso, más impune, más discriminador.

El Mirrey nace a partir de la construcción de un Estado que privilegia a las clases altas como las únicas capaces de ostentar el poder institucional. Carlos Hank González, el padre de los mirreyes, produjo una clase de políticos-empresarios que aparecía en las páginas de sociales, en las revistas de la élite, jactándose de su vasta fortuna y sus privilegios como funcionario público. Es el fundador del Grupo Atlacomulco del que salieron empresarios y varios gobernadores del Estado de México, incluyendo al presidente Enrique Peña Nieto. Todos traen la escuela Hank González. Una que ya no maneja sus privilegios con discreción (como hacían los herederos enriquecidos de la Revolución) sino con ostentación. En las redes sociales, los hijos de Atlacomulco, los juniors de los actuales funcionarios, presumen sus viajes, su fortuna, sus mujeres, su estilo de vida, con una impunidad cínica.

¿Cuál es el origen del libro?

Yo tengo muchos años observando el tema de la desigualdad y la discriminación que hay en México y en otros países ya que compartimos más de un tema con el resto de América Latina. Pero siempre observé la desigualdad emplazando mi cámara de abajo hacia arriba, observando por qué es tan difícil subir de los primeros pisos del edificio social hacia el pent-house, y cuáles son las barreras de acceso a las mujeres, a los jóvenes, a los indígenas. Pero yo no había colocado la cámara desde arriba hacia abajo. Mi libro justamente se llama Mirreynato, la otra desigualdad, porque la idea es que, con lo que sabemos de la desigualdad, ver qué podemos entender si la miramos del pent-house hacia abajo. Y este libro es lo que hace: observar esos mecanismos que construyen diferencia, que apartan a unos y otros, que concentran riqueza, que establecen privilegios y que son elementos que se fabrican desde arriba, es un cierre social que se fabrica desde arriba. Y eso es lo que hace el libro: observar esas puertas cerradas de la parte superior de la construcción social.

¿Qué es un mirrey?

Cuando me pongo a observar el último piso social, el famoso pent-house, muy rápido se me aparece este personaje que es como una suerte de junior versión tres punto cero. Es como si a una lagartija le hubieras puesto unas vitaminas y se hubiera convertido en un dinosaurio. El junior que está en todas las culturas acaba en este siglo creciendo, exagerando y agrandando sus peores defectos. El mirrey es eso: un junior agrandado, un junior que le gusta mucho ostentar, incluso marcar diferencia, ya sea en la ostentación de las casas, los carros, los viajes, las mujeres, en fin, y que no va a escatimar un dólar con tal de marcar esa distancia por la vía de la moda. Porque él está convencido de que si ostenta va a hacerse de un ámbito de impunidad, va a poder ahorrarse la consecuencia de sus actos, va a poder beber y ser detenido por la policía sin que le ocurra nada, atropellar a alguien sin que le ocurra nada, cometer ilícitos sin que le ocurra nada. Para financiar esa impunidad y esa ostentación, no alcanza el dinero bien habido en los negocios construidos con el esfuerzo. Normalmente requieren recursos que provienen de vías rápidas que puede ser el crimen organizado o conectar tus bolsillos con una manguera a las finanzas públicas y entonces por la vía de obra pública, de contratos, licitaciones, traes dinero que va a financiarte la impunidad y la ostentación. Estos son elementos distintos a los del junior del siglo pasado. Este individuo es profundamente ostentoso, es impune, es corrupto, es discriminador y, por lo tanto, él es el que marca el régimen que lo procrea.

¿Qué papel juegan las redes sociales en el desempeño del mirreynato?

La plaza pública siempre ha servido para la ostentación. Yo me imagino a los Médici llegando a Florencia cargados de joyas, de vestidos, carruajes y con una corte alrededor. Llegaban a ostentar a la plaza pública porque era una manera de decirle al resto que ellos eran diferentes, que ellos estaban por encima de la ley, por encima del estado, incluso por encima del papado. Así funcionaba la ostentación en la plaza pública real. Y por otro lado había una población que les observaba con envidia o veneración. Qué es lo que pasa ahora: las redes sociales lo que hicieron fue una plaza pública virtual que es mucho más grande, donde aparecen muchas más personas, pero sigue siendo lo mismo. El Medici quiere presumir y el vasallo lo admira o le reclama. Lo que sucedió con las redes sociales fue que potenciaron algo que ya existía en la humanidad. Las redes sociales nos han permitido a los observadores mirar más de cerca el pent-house de lo que lo pudimos haber hecho antes de su existencia.

Entonces el mensaje no va dirigido a los que son de su misma condición sino a los que están por debajo de ellos…

Mira, yo lo que diría es que a todos los que estamos incómodos, enojados, insatisfechos con este régimen de desigualdad este libro puede ayudarles a entender cómo se construye, cuál es su estructura, sus cuartos, sus columnas, y por el otro lado, puede ayudar a desmantelarlos si hubiese interés de hacerlo. Es un libro de diagnóstico en ese sentido, de una enfermedad de una época. Y también es un libro de advertencia porque claramente un país como México si no derrumba su cierra social, su distancia entre lo que yo llamo el mexiquito y el mexicote, va a ser una nación muy mediocre, venida a menos, que perderá toda presencia en el mundo.

Si lo que define a un mirrey es la ostentación, el uso de las redes sociales para jactarse, ser herederos de vastas fortunas o aprovecharse del poder de los padres, ¿los narco juniors entrarían en esta definición?

Sí, mira, yo creo que el tema de fondo es que el mirreynato desprecia la cultura del esfuerzo y privilegia la cultura de la herencia y de las relaciones sociales. Se parece mucho en ese sentido a las oligarquías predemocráticas. En esa lógica el bandido social o el narcotraficante de hoy gana muchos puntos porque como sabe que para obtener impunidad y ostentar y privilegiarse y comprar la voluntad de un juez, de un policía o del gobierno, lo que hay que tener es dinero, es lo único que importa, no importa de dónde vino. Entonces las vías que te ofrecen el dinero más rápido te dan mayor capacidad de impunidad, y en ese sentido tienen ventaja los que se dedican al negocio de lo ilícito. Y lamentablemente el estado hoy es una institución privada, está al servicio de unos cuantos, no del conjunto, no es parte del espacio público, es parte del espacio privado, ese es el drama con respecto al estado. Estos elementos sí nos llevan a vivir un sistema que si no es democrático, tampoco es un régimen de partido único, es una suerte de purgatorio, y ese purgatorio es lo que yo llamo Mirreynato.

Si no importa la procedencia de la fortuna, sea de empresarios o políticos corruptos, o narcotraficantes, ¿habría algo que diferencia a los mirreyes hijos de empresarios y a los hijos de narcotraficantes?

Mira, a ellos [los hijos de empresarios] les gustaría decir que hay grandes diferencias. Ellos los llaman nacos con mucha facilidad y ya si quieren denostar a alguien le ponen la “r” a la palabra. En realidad utilizan la misma estética, la misma bolsa Louis Vuitton, el mismo Ferrari, el mismo Jet para volar al mismo lugar donde se hace esquí, compran casas y departamentos en las mismas ciudades (en Miami, por ejemplo), son vecinos, conviven en las mismas fiestas, van a los mismos antros. Entonces la diferencia es mínima, ellos [los hijos de empresarios] te dirían que no, ellos te dirían que el color de piel marca una diferencia, que la forma de hablar marca una diferencia, pero yo te puedo decir que el hijo de El Chapo Guzmán se parece mucho más a un mirrey hijo de empresario que lo que el Chapo Guzmán lo parece, es decir, en una sola generación se da el gran salto.

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