‘Mirreyes’ borrachos de Moët & Chandon: así son los niñatos que saquean México

En México, los hijos de los capos de la droga y los hijos de la clase política comparten las mismas aficiones. A todos les encanta que sus papás les compren deportivos de lujo, como Ferrari o Maserati; adoran los relojes de oro y las camisas finas abotonadas a la altura del pecho, aunque apenas sean adolescentes lampiños; les encanta hacerse con animales en peligro de extinción, y si la jornada se da bien, pues por qué no darse un paseo en yate por la Riviera Maya, visitar Las Vegas, Londres y Nueva York, o evitar el tráfico de la Ciudad de México a bordo de un helicóptero privado.

De entre todos los dramas que asolan México, este es uno de los más inquietantes: la certeza de que las élites que llevarán las riendas del país en el futuro son pequeños déspotas sin otro mérito que haber nacido en las cunas más nobles del país, cuyos padres malcrían con caprichos que sólo los grandes narcotraficantes son capaces de igualar. Unos consienten a sus hijos mediante el tráfico de drogas y los otros a través del tráfico de influencias. Dos caras del mismo cáncer de corrupción que corroe al país azteca.

Estos niños de papá mexicanos son popularmente conocidos como mirreyes, nombre que deriva de la forma en que los ricos inmigrantes libaneses se dirigían unos a otros (“mi rey”). Jóvenes unidos por el “gasto ostentoso, exhibicionismo y narcisismo”, quienes por su posición social “viven por encima de la ley”, según los define Ricardo Raphael, analista político y periodista autor del ensayo Mirreynato. La otra desigualdad.

“El Mirrey es un personaje obsesionado con la ostentación. ¿Por qué te exhibes? Para generar impunidad. Si yo tengo una bolsa Fendi no te metas conmigo, si gasto mucho dinero es una forma de protegerme”, explica Raphael. “Los mirreyes cometen delitos pensando que su papá los va a sacar y realmente los sacan. El dinero y el poder ostentado protegen en México. Ostentación, impunidad, ese es el problema más serio del país, porque mucho del dinero que se ostenta viene de la corrupción. Los mirreyes son el producto de un régimen, los beneficiarios de una época”, dice.

Leer nota completa de David Brunat en El Confidencial

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