Mi fijación mental

Isabel Miranda no solo tiene problemas para llamar a las cosas por su nombre, sufre del mismo defecto cuando se trata de las personas. 

Soy el “académico” y el “periodista” (las comillas de denuesto son suyas) al que se refirió en su artículo publicado en este diario el martes pasado: “La justicia tiene que ver con leyes y jueces, no con opiniones periodísticas o de cualquier ciudadano” (la grandilocuencia del título también es suya). Luego, en el primer párrafo completa la idea: “es inútil tratar de hacer justicia cuando ésta pasa por la política.”

Resulta curioso que tales afirmaciones estén signadas por la presidenta de Alto al Secuestro, una asociación civil que lleva más de una década haciendo política al más “alto” nivel. Se trata de la misma mujer, Isabel Miranda, que fue candidata “ciudadana” del PAN al gobierno de la ciudad de México en 2012. Es aquella justiciera que seis años antes colgó por todos lados espectaculares con los rostros de los presuntos secuestradores de su hijo, Hugo Alberto León Miranda, y que ofreció una magnífica recompensa, antes siquiera de que los jueces hubieran librado orden de aprehensión contra ellos. Durante 14 años ininterrumpidos Miranda ha manipulado públicamente a la prensa y ha presionado con éxito a funcionarios y políticos, al tiempo que, presumiblemente, fabricaba pruebas y culpables.

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