22. La serenidad del oeste

Si Albar Cabeza de Vaca hubiera tenido imaginación suficiente para describir lo que hoy es la ciudad de Santa Fe, sus invenciones, Cibola y Quivira habrían palidecido. Ésta es una de las joyas más lindas que México le entregó a los Estados Unidos durante el siglo XIX. En el presente es lugar para conectar con el arte, (se trata del segundo mercado más importante para el comercio de pintura y escultura contemporáneas). Es también sitio donde residen los espíritus necesitados por estar en contacto con los orígenes y la naturaleza. Acaso por ello la paz y la serenidad son valores tan defendidos entre sus pobladores.

En 1598 llegó a esta coordenada el zacatecano Juan de Oñate, acompañado por más de 550 hombres, mujeres y niños. A través del Camino Real de Tierra Adentro trajeron hasta aquí los primeros borregos, también las primeras cabras, cerdos, burros, pollos y gallinas. Junto con aquellos colonos viajaron sacerdotes franciscanos.

 

Juan de Oñate - baja

Por eso se halla la bellísima catedral de Santa Fe, dedicada al santo de Asis. Dentro suyo se venera a Nuestra señora de La Paz. Y tiene sentido: primero tardaron tiempo los colonizadores para encontrar un acuerdo pacífico con los nativos de la tribu Pueblo; más tarde, sus bisnietos hallaron dificultad para entenderse en paz con los belicosos anglos. En el presente, Santa Fe se esmera para que sus espacios públicos otorguen un lugar digno a cada uno de sus sujetos fundacionales. Los Pueblo cuentan con un museo, los colonizadores españoles tienen un lugar destacado, sus descendientes nuevomexicanos están por todas partes y también los sajones. No se entendería la estética de Santa Fe sin la noción de coexistencia pacífica y serena entre su gente.

El estilo arquitectónico de Santa Fe da prueba de lo anterior cuando hace coincidir lo nuevo con lo viejo mexicano. Los antecedentes de la arquitectura que aquí nació no están lejos de Paquimé o 40 Casas, aquellas construcciones que aún sobreviven al noroeste de Chihuahua, y cuyos muros de adobe dejaron, para el presente, preciosas villas-laberinto. De la mano de este antecedente se hallan las vasijas que allá y aquí comparten las mismas grecas y formas.

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Un segundo pretexto o puente entre lo nuevo y lo viejo mexicano lo trajeron los zacatecanos que, junto con Juan de Oñate, civilizaron la región. Los sarapes tlaxcaltecas, hebrados con talento de Santillo, vinieron a esta latitud sin perder su esencia. Hoy decoran los muros de las casas, los edificios públicos y los restaurantes.

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También sobrevive como herencia la comida; (habría que aclarar que es mejor a la que el viajero encuentra en Albuquerque). Vale la pena merendar enchiladas navideñas (chrismas enchiladas): nombre que recibe este platillo porque además de crema nevada, se cubren las tortillas y el pollo con salsas verde y colorada; bandera mexicana que transporta hacia otra época del año menos lluviosa y más fría.

Para completar el puente, en la plaza principal de la ciudad, la más bella de Nuevo México, se toca marimba y canta el mariachi. “Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero…” vocalizan los hombres vestidos de negro y plata, mientras güeros venidos de todas partes levantan un tequila y se felicitan por haberse ahorrado el boleto a las playas de Puerto Vallarta.

Contrasta con su trompeta el concierto de marimba que invita a vivir una experiencia más condescendiente para  el oído humano. No se trata de música veracruzana, ni de escuchar La Bamba en una hotel todo incluido en el puerto de Acapulco. Pasados los siglos aquí se desarrolló un estilo endémico y quieto para hacer música con este instrumento. Lo interpreta una familia que se ha apropiado del quisco para regalar a los turistas un gratísimo concierto. Aseguran los integrantes de esta banda que, con las aportaciones de los generosos transeúntes, financian su gira artística de verano.

En efecto, todo en Santa Fe conmueve cuando se acorta la falsa distancia fabricada antes, en la garita que lleva el mismo nombre, allá en El Paso, Texas. Aquí donde los caminos también llevan hacia Utah, Colorado y más al norte; en esta coordenada donde el Camino Real trajo la civilización; en este paraíso dispuesto para el talento y la estética; lo mexicano fluye con la misma libertad que poseen los cuatro elementos de la naturaleza. Y es así porque los habitantes de esta población han tenido confianza, acaso fe, en que la paz es la recompensa que los seres humanos obtienen cuando logran hacer que sus diferencias sean la materia con que se obtiene riqueza material y también espiritual.

2 comentarios en “22. La serenidad del oeste”

  1. Fue una catafixia por los mariachis que tocan “New York New York en Guadalajara”

    PS: Quiosco

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