La fractura entre la sociedad política y la sociedad civil se exhibe hoy en México más grave que nunca. Fuera del círculo de la clase gobernante, las críticas a la reforma electoral aprobada la semana pasada son a la vez robustas e ignoradas.

Los tres monos sabios de la cultura japonesa que hoy inspiran al Congreso mexicano hacen que los legisladores no vean, no oigan y no hablen a nombre de sus representados.

Así las cosas, me temo que resulte ocioso seguir escribiendo esto. ¿Para qué redactar una línea más cuando a los habitantes del Olimpo les tiene sin cuidado lo que se piense, reflexione o diga de su mala obra?

Sin embargo, algún testimonio de este golpe asestado contra la República debe quedar registrado. Evidencia sobre el momento en que se nos detuvo la marcha democrática y comenzamos el regreso a la incertidumbre y la ingobernabilidad política.

El propósito de este texto es ofrecer una síntesis de los siete principales argumentos contra la desafortunada iniciativa.

Primera crítica: se trata de una reforma electoral que no tiene como principal propósito mejorar las condiciones de la democracia mexicana sino sacar adelante la reforma energética. “Ficha de cambio,” la llamó con justicia la actual presidente del IFE, María Marván Laborde (05/12/13 Agencias).

Segunda crítica: se pasa de un sistema doble de la gestión electoral, a partir de autoridades locales y federales, a otro contrahecho e incoherente. “Mala idea … (que) carece de lógica (y) parece querer empezar de cero,” dice José Woldenberg (05/12/13 Reforma). “Se cambiará la estructura piramidal, diáfana y sencilla del IFE … por una … bizarra, cruzada, fractal, difícilmente administrable,” reitera Marván (05/12/13 Agencias).

Tercera crítica: el nuevo diseño, por su ambigüedad, tiende a crecer las zonas de incertidumbre en muchos tramos de la gestión y la justicia electoral. Advierte Lorenzo Córdova: “en vez de apostar por atribuciones ciertas y específicas para el nuevo INE y para los renovados órganos electorales locales, abre la puerta a una inédita y … riesgosa serie de facultades discrecionales” (08/12/13 El Universal). Coincide con esta idea María Amparo Casar: “Se dieron a la tarea de inventar un híbrido que, lejos de simplificar la tarea electoral y dar certeza en las funciones y responsabilidades, las complicará aún más” (20/11/13 Excélsior).

Cuarta crítica: la reforma quiere beneficiar a las actuales fuerzas políticas porque cierra la puerta para que nuevos actores ingresen al sistema de representación. Argumenta Jorge Javier Romero que, al elevar el umbral de representación a 3% para dar nuevos registros, los partidos de hoy se han deshecho de la competencia, y “de algunos de los pequeños (partidos) que hasta ahora han sobrevivido” (08/12/13 Sin Embargo).

Quinta crítica: se anula también la competencia que podrían experimentar las dirigencias nacionales desde las regiones. El argumento también es de Romero: “quitaron a sus propias organizaciones locales injerencia en el proceso de integración de las autoridades electorales de los estados y aumentaron el peso de las cúpulas partidistas nacionales en los procesos…de todo el país.” (08/12/13 Sin Embargo).

Sexta crítica: la reelección condicionada hace que la rendición de cuentas no sirva a las y los ciudadanos. Bien lo expuso Maite Azuela: “Mientras los candidatos deban privilegiar la disciplina partidista sobre la rendición de cuentas … la reelección será un arma más para reforzar poderes existentes (07/12/13 El Universal).

Estos son solo algunos de los muchos argumentos arrojados contra la reforma electoral. Importan porque sus autores son personas reconocidas por su especialidad en la materia y también porque, a pesar de ello, han sido notoriamente menospreciados por la clase política reunida alrededor del Pacto por México. Algo está muy mal si ante estas voces autorizadas los tres monos se colocan en desafiante actitud ignorante.

Séptima crítica: los tres monos están trayendo de vuelta circunstancias poco propicias para gobernar la diversidad del país. Su frívola prisa, sus intercambios injustificados, la puerta que han abierto para la incertidumbre, la confirmación del oligopolio partidista, la concentración de poder en las cúpulas nacionales y la reelección que no sirve para la rendición de cuentas son el preludio de una era donde gobernar volverá a ser tarea caótica y poco democrática en México.

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