La otra desigualdad

Pocos libros he leído en los últimos años que me hayan conmovido como el más reciente trabajo de Ricardo Raphael de la Madrid, Mirreynato, la otra desigualdad, pues realiza una de las mejores radiografías sociales del momento que vive el México actual. Si el último siglo discurrió, entre otras clasificaciones académicas, por el Porfiriato, el Maximato y el Salinato, vivimos en estos momentos lo que Raphael llama el Mirreynato, es decir: el gobierno de una clase político-económica que sin importar su color partidario se muestra ostentosa, corrupta, impune, y además se da el lujo de desacreditar la cultura del esfuerzo, esencial para la movilidad social. Estas afirmaciones sonarían demasiado fuertes si no estuvieran tan bien argumentadas y soportadas por el autor con una muestra significativa de escándalos, investigaciones y entrevistas.

Raphael, además de contribuir al cambio de enfoque iluminando el penthouse de nuestro edificio nacional, condensa sus indagaciones de varios lustros sobre un tema que lo obsesiona, la excesiva desigualdad entre los más ricos y los pobres. Más allá de la tipificación de un espécimen antropológico o de un diagnóstico muy atinado de nuestra enfermedad nacional, el autor plantea con claridad aspectos en los que debemos abordar como ciudadanos si deseamos revertir el camino hacia donde nos dirigimos: un país pobre y envejecido que dejó pasar de largo su bono demográfico.

Son muchos los conceptos expresados para un solo artículo y, además de recomendarle su lectura, me gustaría hacer un comentario sobre uno de los factores más desestabilizadores en nuestra sociedad y con el que convivimos diariamente: el desprecio por el esfuerzo. Los síntomas están por todas partes, hace unos meses una publicidad cuestionaba para qué entrenar durante muchos años como Rafael Nadal para asistir a la final de un abierto de tenis, si sólo tenías que comprar un artículo determinado para participar en un sorteo que como premio te daría pasajes aéreos y entradas al torneo en cuestión. Una comparación muy grosera porque denigra los sacrificios y trabajo de los deportistas de alto rendimiento, como también de manera perezosa iguala la condición del protagonista del partido con ser un mero espectador en la tribuna.

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