Fue el Estado el que mintió. El que fabricó testimonios. El que torturó. Fue el Estado el que sometió a los familiares de las víctimas a un sufrimiento innecesario. No hubo incendio. No es cierto que quemaron los cuerpos de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa en el basurero de Cocula. La Procuraduría General de la República falsificó los hechos.

¿Qué paso en realidad la noche del 26 de septiembre del año pasado? Aún no se sabe. Pero desde ayer hay una verdad menos: Jesús Murillo Karam entregó una versión fraudulenta para dar vuelta rápida a la página.

Ayer México se exhibió ante el mundo, parafraseando a la escritora Sara Sefchovich, como un país de mentiras.

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