Tan preferente como el primer día

La hebra del hilo sigue siendo hilo, no importa cuántas veces haya pasado por el ojal. Y, sin embargo, con tal de apartar a la democracia del mundo sindical, ciertos legisladores quieren inventarse una nueva naturaleza para el proceso legislativo mexicano. Aseguran que la iniciativa laboral del presidente perdió su carácter de preferente porque una parte de ella ya se discutió y aprobó en ambas cámaras y, por tanto, la otra parte que los senadores sí enmendaron puede ser enviada al baúl de los asuntos sin importancia.

Interesante discusión, porque se trata de la primera vez que una iniciativa de ley se presenta ante el Congreso de la Unión con carácter de preferente. Con todo, se equivocan quienes, so pretexto de la novedad, desestiman la lógica legislativa prevista por la Constitución, la cual trasciende y al mismo tiempo incorpora el mandato para atender prioritariamente ciertas iniciativas presidenciales.

En buena lógica, la discusión preferente para ordenar las prioridades legislativas recorre en su propósito al menos tres momentos del proceso legislativo: presentación de la iniciativa, discusión y aprobación (o rechazo).

Quienes aseguran que la iniciativa laboral perdió su carácter de preferente una vez que abandonó los recintos senatoriales comenten el error de asumir que ésta ya fue suficientemente discutida en ambas cámaras.

Cierto es que una parte de la reforma hizo ya el viaje que va de la cámara de origen a la cámara revisora y que en ambas concluyó la fase aprobatoria. Sin embargo, otra parte de esta misma iniciativa aún no transita por todos los momentos previstos por el texto constitucional; concretamente los artículos que tienen que ver con la democracia sindical no han terminado la fase de discusión.

En la iniciativa preferente de Felipe Calderón se propuso incluir el voto directo y secreto con el propósito de facultar a las y los afiliados sindicales para elegir a sus dirigentes, de acuerdo con estándares mínimos de representación democrática. Por presiones políticas y otros motivos tan oscuros como extraños, la cámara de origen decidió marginar esta sección de la iniciativa a la hora de aprobar la reforma laboral.

Por fortuna, en la Cámara revisora se enmendó la plana. Si bien es cierto que el Senado aprobó aquello con lo que estaba de acuerdo, también lo es que decidió regresar a su lugar los artículos relativos a la democracia sindical para que sean nuevamente discutidos y sancionados en la cámara de origen.

Hasta aquí el trámite ha respetado pulcramente la secuencia prevista por la Carta Magna. Ahora bien, algunos diputados argumentan que la parte devuelta de la iniciativa ha dejado de ser preferente para convertirse en una pieza sin relevancia. No ofrecen razones para tan equivocada apreciación y previsiblemente están confundidos.

La Constitución prevé que el proceso legislativo no concluye hasta que la iniciativa es aprobada o rechazada y claramente hay piezas que aún no han cumplido con toda la secuencia legislativa. Para que la Cámara de Senadores cumpla a cabalidad con su función revisora se requiere que ahora la cámara de origen sancione lo discutido por la Cámara Alta. De lo contrario se le estaría dejando a las y los senadores en circunstancia desaventajada. Mientras la cámara de origen sí podría hacer modificaciones, sin que con sus actos afectase la naturaleza de la iniciativa, la cámara revisora quedaría invalidada para proceder de igual manera.

La única mecánica legislativa que permite ambas cámaras mantener igual potestad es aquella en que el texto sometido recorre tres momentos: discusión, modificación y sanción por parte de la cámara de origen, discusión, modificación y sanción a cargo de la cámara revisora y discusión modificación y sanción por parte de la cámara de origen. Más vale que los diputados de hoy velen por los diputados de mañana. Si actúan creyendo que el Senado pesa menos que la Cámara Baja, el día de mañana, cuando les toque jugar de cámara revisora, estarán condenándose a sufrir idéntica suerte de minusvalía.

La parte de la iniciativa calderonista en materia laboral que ahora regresa a Cámara de Diputados, y que incluye principios democráticos para la vida sindical sigue siendo tan preferente como el primer día que llegó a San Lázaro. No considerarlo así significará torcer el proceso previsto por la Carta Magna y, por tanto, lanzar el asunto para que sea la SCJN quien termine interviniendo, a través de una acción de inconstitucionalidad.

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