El estado de Guerrero se ha convertido en el nuevo epicentro de la violencia en México. El estado del sureste mexicano encabeza la tendencia nacional que desde 2015 muestra el repunte de la violencia vinculada al narcotráfico. En los primeros meses del 2016, la cifra de homicidios en Guerrero fue 247% superior a la media nacional y 5233% mayor a la tasa de Aguascalientes, el estado más pacífico de México, según cifras del Observatorio Nacional Ciudadano.

Ante la evidente crisis, el gobierno federal ha implementado un plan de seguridad para Guerrero. La estrategia consiste concretamente en llevar energía eléctrica a todo el estado, capacitar a empresarios turísticos, financiar ampliaciones para la construcción de cuartos  en las viviendas y apostar por centros comunitarios y culturales.

A semanas de su implementación, la violencia continúa ascendiendo. El Gobernador, Héctor Astudillo, e incluso el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, consideran la opción de legalizar el uso medicinal de la amapola, la planta que está detrás de los 43 y detrás de la violencia que azota al estado.

Ricardo Raphael conversa sobre la crisis de seguridad guerrerense con el Senador Armando Ríos Piter, con Abel Barrera, director del centro de derechos humanos Tlachinollán, con el escritor Carlos Fazio y con el director de Animal Político, Daniel Moreno.

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