Velan armas los dirigentes del PAN, pero en esta ocasión no es para enfrentar a sus opositores sino para arrancarse la cabellera entre parientes. La ruptura es a tal punto sanguínea que difícilmente podrá resolverse por vía civilizada.

Este drama empezó hace meses, cuando desde la Presidencia de la República, Felipe Calderón tomó la muy extraña decisión de abandonar a Josefina Vázquez Mota como candidata de su partido. La explicación para tan extraño proceder es aún deuda reclamada por militantes y dirigentes panistas. El calderonismo no ha rendido todavía cuentas de tan envenenada traición.

Con todo, los apoyos que aún sostienen al ex presidente dentro de ese instituto hacen que un halo de impunidad proteja políticamente a las y los integrantes de su pandilla.

Es por ello que, por ejemplo, Ernesto Cordero pudo desafiar con indolencia a la actual dirección de su partido, encabezada por Gustavo Madero.

Apenas el jueves pasado, mientras presentaba una iniciativa de reforma electoral junto con otros senadores de izquierda, el ahora ex líder parlamentario azul calificó los contenidos del Pacto por México —donde la dirigencia del PAN está muy involucrada— como producto de una negociación “trabajada en lo oscurito para que luego el Congreso los apruebe sin cambiar una sola palabra en la redacción.”

Bien haría este dirigente en atender lo que Calderón escribió en redes sociales (paradójicamente para descalificar a Madero) unas horas después: “vieja regla del PAN, los asuntos internos se ventilan internamente.” Sin embargo, a Cordero le urgía hacer pública su distancia con el presidente de su partido. Quizá no tanto para apurar el desenlace de la pugna entre pandillas, como para enviar un mensaje a Peña Nieto sobre  la debilidad en la que entrará el Pacto si Madero sigue siendo el único interlocutor con el panismo.

Observado con atención, los senadores de PRD y PAN que presentaron la iniciativa alterna de reforma electoral, tienen todos como punto coincidente que han estado al margen de las negociaciones principales del Pacto. De ahí que la intención de desafiar con una pieza legislativa propia, acompañada de un discurso enojado, tenga más como propósito llamar la atención del poder presidencial que romper lo avanzado en la negociación de los tres partidos.

Cabe aclarar que, a diferencia del PAN, en el caso del líder senatorial del PRD, Miguel Barbosa, el tono discursivo es distinto. Este senador aclaró que la iniciativa no tiene como propósito controvertir la del consejo rector del Pacto, sino sumar elementos para la legislación final. Cosa distinta puede interpretarse sobre la actuación de Manuel Camacho Solís, quien asegura que la actual dirigencia perredista “padece un deslumbramiento ante el poder presidencial,” el cual vuelve errático su comportamiento.

La pugna en el PAN y también dentro de la izquierda se está librando entre las pandillas que se encuentran dentro de la negociación y aquellas que han sido marginadas de ésta. Las primeras defienden las virtudes del acuerdo; las segundas ya no están dispuestas a permanecer fuera del selecto club y sus laureles.

Al interior del PAN esta disputa no tardará en resolverse. Y es que el nombramiento que ostentaba hasta ayer Ernesto Cordero como líder en la Cámara alta dependía de Gustavo Madero. Es facultad del segundo ratificarlo o removerlo. Así lo prevén los estatutos panistas para asegurar coherencia y coordinación entre la dirección de ese partido y sus bancadas parlamentarias en el Congreso.

El máximo dirigente panista removió ya a Cordero, por lo cual cabe la posibilidad de que se produzca una rebelión dentro de su partido, encabezada por las huestes calderonistas, que eventualmente podría desembocar en la propia caída del hoy presidente del PAN.

@ricardomraphael

Analista político

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