Emilio Lozoya: oportunismo o principio de oportunidad

asi todo es novedad en el proceso penal que comenzó el 28 de julio en México contra Emilio Lozoya Austin, exdirector de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX). La audiencia, presidida por el juez de control José Artemio Zúñiga Mendoza, ocurrió a distancia, bajo el formato de videoconferencia. El imputado asistió desde un lujoso cuarto privado de hospital, debido a una dolencia que presumiblemente no requiere hospitalización. El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, propuso que el asunto trascienda al Poder Judicial y sea juzgado por “un tribunal ciudadano y popular”; y las filtraciones que preceden al juicio han colocado bajo el reflector a una serie larga de políticos encumbrados, lo cual hace que, en el ambiente público, floten ánimos furibundos de Circo Romano.

Sobre todas las cosas, destaca la expectativa de una delación sin precedente en la historia nacional de las corruptelas mexicanas. A diferencia de otras culturas, aquí el delator es un personaje infrecuente y por ello ha sido tan difícil quebrar el régimen de impunidad.

La tradición política mexicana prefiere a los chivos expiatorios que asumen individualmente los pecados colectivos, sobre el desmantelamiento de los modos y la corrección de las fallas de un sistema propicio para el crimen de cuello blanco y el hurto multimillonario al contribuyente.

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