Si alguien merece un abrazo fraterno son todos los maestros que recuperan hoy la libertad secuestrada por demasiadas décadas. Les toca a ellos decidir ahora la forma más digna y democrática de organizar la representación de sus derechos. Que nadie nunca más pueda robarles la libertad que esta detención les entrega. Que nadie nunca más los use como botín político. La opción ahora esta en manos del maestro. Si permite que otro liderazgo cupular sustituya al anterior de nada habrá servido. La memoria debe servir para que la historia de Jongitud no se repita. Es la hora de la responsabilidad magisterial. Son los maestros quienes democráticamente habrían de elegir a sus nuevos liderazgos, no el gobierno. Ese sería el verdadero parte aguas.

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