“Hace uno años era muy difícil ver el comportamiento de la élite en el poder, porque no había una aproximación, no habían entrevistas, registro de sus cuentas personales, vivían en sus cotos de poder, mientras que ahora la diferencia del investigador de hoy es que las redes se han vuelto un escaparate para observar su comportamiento y una ventana que ellos mismos utilizan”.

Para el investigador y maestro del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), aunque las redes sociales no son una especie de sujeto con voluntad propia, son una plaza pública donde las élites gozan ostentar para diferenciarse, marcan sus diferencias en modas, carros y dinero, donde desnudan su desmesura.

“Cuando uno revisa la desigualdad en México, osa visitar el primer piso, el sótano de ese edificio de diez pisos que es el país, donde viven los mexicanos en situación más precaria, más dolorosa.

“Es muy común decir que este es un país desigual y que la autoridad diga que ya tiene programas contra la pobreza y el hambre, porque asume que la desigualdad es de abajo hacia arriba, por eso este libro habla de la desigualdad del penthouse, donde habitan los hijos de estos mirreyes”.

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