El mirrey que todos llevamos dentro, por @warkentin

La camisa desabotonada hasta casi llegar a la cintura, suelta, los pantalones precisos, el cacle perfecto, una cadena ostentosa en lo cool, el peinado en el desgreñe adecuado, la mirada tras esos lentes oscuros que son grandes pantallas de una intimidad inexistente. Respiren. Sigamos. Alguna botella de ese espumoso en la mano (no hay duda, sólo es UNA la marca que merece estar en la mano), y un paisaje inaccesible en lo bucólico. Se trata del mirrey, especie endémica del México ostentoso e impúdico (aunque con parentescos simbólicos nada lejanos en otros rincones del mundo). Pero bueno, no me extiendo más, que todos sabemos definir a un mirrey con sólo escuchar la palabra.

Dice el periodista Ricardo Raphael, en su libro “Mirreynato, la otra desigualdad” (que presentamos ayer en la Feria del Libro del Palacio de Minería), que si hacemos un esfuerzo por alejarnos del mirrey específico que vemos por doquier en este H. País nuestro, deberíamos reconocer que más que un accidente de individualidades “torcidas”, lo que vivimos es una época y un régimen morales del cual todos formamos parte. Aunque nuestra camisa sí esté abotonada hasta arriba y la última botella de espumoso que hayamos bebido sea una sidra de dudosa procedencia. La percha no hace al mirrey, pero vaya que lo sintetiza.

Leer opinión completa de Gabriela Warkentin en Más por Más