El México indignado

Por: ANEL GUADALUPE MONTERO DÍAZ

Malcom X afirmó: “Normalmente cuando las personas están tristes, no hacen nada. Se limitan a llorar. Pero cuando su tristeza se convierte en indignación, son capaces de hacer cambiar las cosas”

Esa es precisamente la línea de pensamiento que sigue esta compilación de historias que nos presenta Ricardo Raphael y que se evidencia a través de los testimonios de 18 personas como usted y como yo, que en algún momento clave de sus vidas decidieron construirse de manera distinta a partir de la indignación que supuso enfrentar la injusticia, la corrupción, la mentira, la traición y la muerte.

Y es que en El México Indignado, el lector puede comprender cómo es que sus protagonistas, un grupo heterogéneo que comprende ex pandilleros, abogados, periodistas, escritores, cineastas, académicos, actrices, luchadores sociales y padres y madres de familia, han tenido la habilidad de construirse de manera distinta frente a las diferentes experiencias que marcaron su indignación. El común denominador es la capacidad que demostraron para convertir el coraje indignado en acciones que a todos benefician.

Dice Ricardo Raphael que la indignación es el sentimiento de cólera provocado por una injusticia escandalosa. También aclara que no debe confundirse con la frustración o la exasperación: la primera es estéril e incontrolable la segunda. Mientras la frustración paraliza y la exasperación conduce con facilidad a la violencia, el coraje indignado convoca potentemente a cambiar el estado de las cosas.

Tampoco es fortuito que sus protagonistas hablen en primera persona, tomando en sus manos la responsabilidad de luchar contra la apatía y la responsabilidad de levantar la voz propia por un país mejor. Estas son algunas de sus historias.

Lydia Cacho

Ella convirtió su indignación en inspiración y logró contagiar a quienes como yo, creen todavía que el poder no está en el dinero , sino en la fuerza de las palabras que se afirma con el ejemplo: la ética en acción. Conmovedora es la historia de la niña más flaca del cole, que odiaba las muñecas y amaba escribir diarios secretos.

“Sé que en la mayoría de las personas el deseo de control no nace de un amor por el poder, sino por el temor de que sin él, estarían inseguras y serían vulnerables. Por eso digo que hay que reinventar el poder, y eso no se hace sentados a la mesa con los dueños del discurso, sino en las escuelas y en las calles, ejerciendo nuestro mágico poder transformador llamado ética, demostrando que sí funciona, que sí fortalece, que sí inspira”

Tania Ramírez

Es hija de un desaparecido político que encontró en el amor una suerte de exorcismo que incluye una familia que va más allá de la sangre y que nace del corazón. En ¡Eureka! e H.I.J.O.S, ella descubrió lo que denomina “la enfermedad del Che”: Sentir el dolor ajeno como propio.

Layda Negrete y Roberto Hernández

Ellos son los responsables del documental Presunto Culpable, que la mayoría de los mexicanos conoce y que cimbró la conciencia colectiva ante la injusticia, la corrupción y la ilegalidad que ostenta el sistema jurídico mexicano. Lo que casi nadie sabe, es que Roberto estuvo a punto de ser él un “presunto culpable”. Dice Layda:

“A nosotros nos cambió la vida hacer este filme, y esperamos que muchos se sigan inspirando en la historia de Toño para confrontar y encarar a nuestras autoridades cuando no cumplan con su función”.

Conmovedores, aleccionadores y ejemplares, son además las experiencias de León Krauze, Emilio Álvarez Icaza, Alberto Ruy Sánchez, Élmer Mendoza, Julián Lebarón, Carlos Cruz, Blanca Heredia, Daniel Gershenson, Horacio Franco, Rubén Albarrán, Ana Laura Magaloni y Lol Kin Castañeda.

Confieso que he releído varias veces los testimonios de estos indignados. Es el de Carlos Cruz, antiguo pandillero y hoy constructor de la paz el que más me ha conmovido. Desde su experiencia, afirma:

Indignarse es un ejercicio cotidiano de amor, pasión y locura, de ideas chatas y cortas, o puntiagudas y largas; es pensar en imágenes vagas como sueños, o reales y palpables como la pared. Indignarse en forma de cubos o espirales; es repensar los orígenes de los padres y madres, de los abuelos y abuelas, de sus pueblos y sus barrios, de sus múltiples patrias, esas que se tejen desde el sur de México hasta el Norte.

Esoy convencida, estimado lector, que este material puede ser de gran ayuda en la casa, en la escuela y en cualquier otro espacio donde se busque educar a y con los otros, al convertirse, a través de los testimonios de sus protagonistas, en el detonador de estrategias que tienen que ver con la construcción del México que deseamos y de la toma de conciencia acerca de los diferentes punto de partida para lograrlo. En cualquier caso, todavía hay mucho por hacer.

¿Usted qué opina, estimado lector?

Publicado originalmente en: SDPnoticias.com

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