El México de AMLO aún padece los síntomas de un narco-Estado

“Eso sí calienta”, suele repetir el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), cuando la prensa compara el desempeño de su gobierno con hechos y datos de los gobiernos anteriores. Nada le importa más que distinguirse del pasado a partir de una moral personal que él considera muy superior.

Con esta convicción, el 10 de agosto reconoció que, durante la administración del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, México tuvo un narco-Estado. Refirió como evidencia la denuncia, en Estados Unidos, contra el entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa: “Quienes tenían a su cargo el combate a la delincuencia, estaban al servicio de la delincuencia… (ellos) decidían a quién perseguir y a quién proteger”.

Acaso el presidente comete un error en el uso del tiempo verbal: a pesar de que le caliente, México aún padece síntomas graves de narco-Estado. No bastó que llegara un nuevo grupo gobernante para dar vuelta a esta página en la historia de la violencia mexicana.

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