El juego del doble nivel

La semana pasada se celebró en la capital del país el foro “México 2013: Políticas Públicas para un desarrollo incluyente.” El elenco fue espectacular; recorrieron el tapete rojo, entre otros personajes: Hasan Tuluy, vicepresidente del Banco Mundial; Alicia Barcena, secretaria ejecutiva de la Cepal; José Ángel Gurría, máxima autoridad en la OCDE; y Luis Alberto Moreno, presidente del BID.

La conclusión de todos, nada modesta, fue que México está a punto de convertirse en potencia económica regional y motor para el crecimiento mundial. Más allá de la verdad que pueda encontrarse en tan esperanzadora profecía, este foro responde a lo que, hace algunas décadas, el politólogo estadounidense Robert Putnam llamó el juego del doble nivel: se trata de una estrategia, normalmente trazada por los gobiernos nacionales, para lograr que desde el extranjero se legitimen decisiones políticas internas cuya fuerza o consenso doméstico todavía es débil.

En su tiempo, un mago mexicano del juego a doble nivel fue el presidente Carlos Salinas de Gortari. Como pocos, supo colocar en boca de las instancias internacionales (BM, FMI, OCDE, OMC), a manera de recomendaciones o dictados, lo que en su país este gobernante deseaba emprender. Y es que no es lo mismo que el jefe de un Estado proponga, por ejemplo, la apertura comercial o la reforma energética, que escuchar tales consejos de funcionarios de altísimo nivel situados en alguno de los organismos internacionales de mayor prestigio.

Puesto en términos sencillos, el juego de doble nivel es una estrategia donde el gobernante de un país pide a una instancia supranacional (o al dirigente de otra nación) que le recomiende una política o una reforma estructural que, siendo parte de la agenda del primero, no ha obtenido consenso en la opinión pública doméstica o no ha logrado aprobarse en el Congreso.

Se requiere de cierta habilidad para obtener tal propósito, pero sobre todo de un alto grado de complicidad por parte de los actores importantes de la esfera internacional. Al parecer, en muy pocos días, el gobierno de Peña Nieto ya supo aplicar con éxitos las lecciones de Putnam.

Desde esta lente es que cobra sentido revisar las declaraciones del foro: por ejemplo, Hasan Tuluy, vicepresidente del BM, aseguró que su profecía se basaba en la “envidiable” estabilidad financiera nacional y en la “gran” apertura comercial de nuestro país.

De su lado, Luis Alberto Moreno, presidente del BID, optó por enfatizar la importancia de la reforma educativa, considerándola clave para hacer avanzar a la economía mexicana. De paso insistió que, junto a la anterior, nuestro gobierno habría de promover transformaciones en el terreno energético, el de las telecomunicaciones y también combatir la economía informal. Concluyó que este país necesita urgentemente de una reforma fiscal y de seguridad social para combatir la desigualdad y la pobreza.

Durante el foro no se quedó atrás Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, quien más allá del ámbito meramente económico, argumentó que la brújula del futuro mexicano habría de ser la libertad, entendida como el ejercicio pleno de los derechos civiles y políticos y también como la participación ciudadana en la deliberación democrática.

Finalmente, José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE y probablemente el principal arquitecto de este evento, se encargó de subrayar la importancia de la reforma energética, la cual aparece, según su punto de vista, como el elemento clave para mejorar los niveles de productividad en el país.

Diera la impresión de que Tuluy, Moreno, Bárcena y Gurría andaban por México el pasado primero de diciembre y es que sus respectivos discursos parecen el plagio de otro que se escuchó ese mismo día en voz de Peña Nieto. Pero en estos casos utilizar el término plagio es inadecuado; al contrario, se requiere de destreza para hacer que la dirección del BM, de la Cepal, la OCDE o del BID repitan con el énfasis adecuado lo que ya uno expresó previamente.

En efecto, podrá el lector decir que no hay nada nuevo en este discurso; sin embargo, la ventaja de lograr el armado de un juego de doble nivel es que los gobernantes se aseguran mejores condiciones de negociación frente a sus detractores cuando las posiciones propias vienen (supuestamente) dictadas desde fuera. Sin duda, la experiencia en este tipo de estrategias, tan bien ejercitada en la época del salinismo están de vuelta en nuestro país.

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Comentarios (2)

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  1. Aunque en el fondo la intención del equipo de Peña Nieto sea legitimar sus propuestas, me parece que tu artículo está simplificando en extremo tales acciones. Debo recordarte, Ricardo Raphael, que la realización de un evento de tal naturaleza no se da de un dia para otro.Se preparó cuando aún no tomaba posesión EPN y la situación era tensa con respecto a otros grupos Tuvo que haber varias pláticas al respecto -independientemente de la logística respectiva- para que se pudieran bordar las propuestas entre las diferentes instituciones. ADEMÁS, debo decirte que muchas de las proposiciones de los analistas fueron muy radicales, contrarias a las que ha dicho EPN. De no haberse dado el Pacto por México, con tal fuerza y consenso, este Foro por México hubiera pasado sin pena ni gloria, como los realizados sexenios antes. Todo se va concatenando para conformar una serie de políticas de Estado muy distintas. Yo no lo reduciría a un simple regreso de estrategias mediáticas y políticas.

  2. Si, ya hay el marco academico.
    En voz y sobre papel es facil y incluso alcanzable.
    Pero en realidad el futuro bueno NO viene solo – hay que lograrlo y en general requiere un gran esfuerzo…
    Mientras la filosofia primordial es ” el que no tranza, no avanza ” ¿ se llegara lejos?
    El reloj va avanzando en segundos… no años… pero de esos segundos se forman sexenios…y generaciones.
    ¿ Ya se empezo el camino a la G 7 ?

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