El Chapo avisó

El poder en su estado más bruto, en su dimensión más nítida, puede ser observado dentro de las cárceles. Ahí las sociedades se muestran tal cual son, sin ambigüedades ni hipocresías; la verdad se exhibe despojada de vestido y máscara; cada perfil es exacto, el económico y también el simbólico.

En una prisión no hay gesto que pueda esconder lo absurdo, lo ridículo, lo falso, ni lo arbitrario. La distancia entre la verdad jurídica y cualquier otra verdad es inocultable.

Si el poder del Estado es parodia, en la cárcel esa circunstancia no puede esconderse.

Por ello es un error suponer que el reclusorio es el último tramo de la justicia penal. No es el vagón trasero, sino la locomotora. Mientras la crujía esté sometida al gobierno del capo mayor, lo estará una buena parte de la sociedad.

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