Ejército fuerte y policías corruptas, una misma ecuación

Un día los libros de historia hablarán de la época en que México quiso resolver los problemas de seguridad ciudadana con las Fuerzas Armadas, en vez de apostar por una policía profesional.

Desde que Ernesto Zedillo llegó al poder los mandos militares convencieron de que el narcotráfico había infiltrado a las policías locales y que solo ellos, los verdes, podrían resolver el asunto. La evidencia sobre el equívoco sobra. Los mandos militares que fueron nombrados desde entonces como cabeza de la policía fueron los mejores aliados del crimen organizado.

Todavía hoy pueblan las cárceles generales y coroneles que prestaron servicio leal a los enemigos del pueblo. Jesús Gutiérrez Rebollo, pasando por Carmen Oralio Aparicio, los zetas fundadores y tantos otros militares que han prestado servicio a la violencia son constancia viviente del error.

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